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sábado, 27 de junio de 2009
La larga temportada que le espera
Desde que el descenso del Real Betis se convirtió en realidad se han sucedido numerosos episodios en el entorno verdiblanco —unos más positivos, otros no tanto— que han logrado poner en jaque a una afición hasta ahora dividida en su preferencia accionarial. Lo más llamativo de todo, la famosa manifestación del 15-J, en la que el grito unánime reclamó un Betis libre de ataduras añejas. También los fichajes fallidos y las figuras huidizas, pasando por las inminentes cesiones que se tornan en eternas, toman la actualidad para desembocar en la composición de una fundación repleta de opositores con ansias de protagonizar el cambio que el club necesita con urgencia. Todos estos temas han estado presentes en mil y una tertulias, con la crítica como estilete, durante los últimos días para desgana del máximo accionista. Y, aunque la tormenta no cesa, a veces se palpan síntomas de una calma que se plantea ya necesaria en pos de lo que toca por librar.
Alrededor de todo este torbellino de defensas y acusaciones ha primado la reflexión sobre qué cifra corresponde a la venta del Betis y ha escaseado otra meditación, que no debería ser menos profunda, sobre el futuro que tendrá que sortear el equipo de La Palmera la próxima temporada en Segunda división y otras circunstancias que rodean a todo ese entramado. Las consecuencias económicas han quedado por encima de las deportivas. Sin embargo, debe ya iniciarse el camino de vuelta a la realidad y qué mejor para ello que comenzar examinando todas y cada una de la características de una categoría que el pasado domingo acabó de configurarse de manera definitiva con los ascensos de un histórico como el Real Unión de Irún y de un debutante como el Villarreal B.
Muchas diferencias encontrará este Betis con respecto a lo que deja en Primera. La inicial y obvia es que volcerá a incluirse en una competición no compuesta por 20 equipos, sino por 22, y eso va a repercutir en la duración de la temporada, la cual se extenderá desde el próximo mes de agosto hasta junio, circunstancia que no se dará en Primera división, que finalizará en mayo por la disputa del Mundial en Suráfrica.
Atrás quedaron los atractivos enfrentamientos que, de alguna manera, simbolizaban a la máxima categoría del fútbol nacional. No estarán el Barcelona ni el Real Madrid ni tantos otros, pero esta claro que en el periplo plateado —marcado, por otro lado, por las diferencias presupuestarias entre los clubes con el Betis en lo más alto— el equipo heliopolitano no estará solo. La compañía resulta de lo más variopinta: desde históricos venidos a menos como la Real Sociedad o el Salamanca a recién llegados como el filial del Villarreal.
Precisamente, el salto de categoría de los amarillos propiciará que el Betis se vea las caras con un filial quince años después de aquel Betis-Castilla de la temporada 1993-94, en el que el equipo verdiblanco acabó goleando con un doblete de Cuéllar y un tanto de Aquino. Previamente en esa temporada ya se había enfrentado a los filiales del Barcelona y del Athletic de Bilbao.
Sin embargo, el enfrentamiento con el Villarreal B encierra un valor añadido. Y es que será la primera vez en su centenaria historia que el Betis se enfrente al filial amarillo, circunstancia que igualmente se dará con otros equipos hasta el momento inéditos en la trayectoria oficial verdiblanca. Huesca, Cartagena, Gerona y Real Unión de Irún serán los debutantes en Heliópolis en competición liguera, ya que en Copa sí se vieron las caras. Con el primero lo hizo en la campaña 1935-36 y con el segundo en la temporada 1970-71 y en la que acaba de finalizar.
Viajes por toda la Península
Las peculiaridades de los desplazamientos ligueros también encierran lo suyo. Frente a lo que ocurriera en anteriores temporadas presentes en Primera, el Betis tendrá que visitar nuevas comunidades autónomas como las Islas Canarias, Castilla La-Mancha o Murcia, y en cambio dejará de visitar Asturias, Cantabria, Navarra o las Islas baleares.
Sin embargo, esta aparente reducción de itinerarios alberga una paradoja, ya que a algunas de estas zonas volverá en más de una ocasión, como es el caso de la Comunidad Valenciana, que tendrá que visitar nada más y nada menos que en cinco ocasiones para enfrentarse al Hércules, Elche, Levante, Castellón y Villarreal B. Además, recorrerá el panorama español de punta a punta y de cabo a rabo: de Huelva a Vigo, y de ahí a Gerona para volver hasta Murcia. Demasiados kilómetros —más de 27.000— para lo ilusionante de la categoría.
Algunos de esos miles de kilómetros los recorrerá al margen de las comodidades. Ha llegado la hora de desempolvar aquel autobús con aroma a otra categoría para recorrer la profundidad de los los parajes andaluces. El calendario marcará cuándo debe acudir el Betis a visitar ciudades «hermanas» como Córdoba, Huelva y Cádiz en este medio de transporte o, a lo sumo, en tren. Podría ocurrir lo mismo con las ciudades más cercanas a Andalucía, Murcia y Albacete, aunque se trata de una decisión que se verá en el momento.
Visitará campos desconocidos
El Betis volverá a pisar el terreno de juego de algunos de los llamados históricos, tales como el del Celta de Vigo, la Real Sociedad o el Rayo Vallecano, habituales en las últimas décadas de la máxima categoría. En cambio, también tendrá el «honor» de acudir por vez primera a otros jamás visitados a lo largo de los 102 años de vida de la entidad albiverde, como, por ejemplo, El Alcoraz de Huesca o el Montilivi del Gerona.
Fuente: http://www.alfinaldelapalmera.com
Alrededor de todo este torbellino de defensas y acusaciones ha primado la reflexión sobre qué cifra corresponde a la venta del Betis y ha escaseado otra meditación, que no debería ser menos profunda, sobre el futuro que tendrá que sortear el equipo de La Palmera la próxima temporada en Segunda división y otras circunstancias que rodean a todo ese entramado. Las consecuencias económicas han quedado por encima de las deportivas. Sin embargo, debe ya iniciarse el camino de vuelta a la realidad y qué mejor para ello que comenzar examinando todas y cada una de la características de una categoría que el pasado domingo acabó de configurarse de manera definitiva con los ascensos de un histórico como el Real Unión de Irún y de un debutante como el Villarreal B.
Muchas diferencias encontrará este Betis con respecto a lo que deja en Primera. La inicial y obvia es que volcerá a incluirse en una competición no compuesta por 20 equipos, sino por 22, y eso va a repercutir en la duración de la temporada, la cual se extenderá desde el próximo mes de agosto hasta junio, circunstancia que no se dará en Primera división, que finalizará en mayo por la disputa del Mundial en Suráfrica.
Atrás quedaron los atractivos enfrentamientos que, de alguna manera, simbolizaban a la máxima categoría del fútbol nacional. No estarán el Barcelona ni el Real Madrid ni tantos otros, pero esta claro que en el periplo plateado —marcado, por otro lado, por las diferencias presupuestarias entre los clubes con el Betis en lo más alto— el equipo heliopolitano no estará solo. La compañía resulta de lo más variopinta: desde históricos venidos a menos como la Real Sociedad o el Salamanca a recién llegados como el filial del Villarreal.
Precisamente, el salto de categoría de los amarillos propiciará que el Betis se vea las caras con un filial quince años después de aquel Betis-Castilla de la temporada 1993-94, en el que el equipo verdiblanco acabó goleando con un doblete de Cuéllar y un tanto de Aquino. Previamente en esa temporada ya se había enfrentado a los filiales del Barcelona y del Athletic de Bilbao.
Sin embargo, el enfrentamiento con el Villarreal B encierra un valor añadido. Y es que será la primera vez en su centenaria historia que el Betis se enfrente al filial amarillo, circunstancia que igualmente se dará con otros equipos hasta el momento inéditos en la trayectoria oficial verdiblanca. Huesca, Cartagena, Gerona y Real Unión de Irún serán los debutantes en Heliópolis en competición liguera, ya que en Copa sí se vieron las caras. Con el primero lo hizo en la campaña 1935-36 y con el segundo en la temporada 1970-71 y en la que acaba de finalizar.
Viajes por toda la Península
Las peculiaridades de los desplazamientos ligueros también encierran lo suyo. Frente a lo que ocurriera en anteriores temporadas presentes en Primera, el Betis tendrá que visitar nuevas comunidades autónomas como las Islas Canarias, Castilla La-Mancha o Murcia, y en cambio dejará de visitar Asturias, Cantabria, Navarra o las Islas baleares.
Sin embargo, esta aparente reducción de itinerarios alberga una paradoja, ya que a algunas de estas zonas volverá en más de una ocasión, como es el caso de la Comunidad Valenciana, que tendrá que visitar nada más y nada menos que en cinco ocasiones para enfrentarse al Hércules, Elche, Levante, Castellón y Villarreal B. Además, recorrerá el panorama español de punta a punta y de cabo a rabo: de Huelva a Vigo, y de ahí a Gerona para volver hasta Murcia. Demasiados kilómetros —más de 27.000— para lo ilusionante de la categoría.
Algunos de esos miles de kilómetros los recorrerá al margen de las comodidades. Ha llegado la hora de desempolvar aquel autobús con aroma a otra categoría para recorrer la profundidad de los los parajes andaluces. El calendario marcará cuándo debe acudir el Betis a visitar ciudades «hermanas» como Córdoba, Huelva y Cádiz en este medio de transporte o, a lo sumo, en tren. Podría ocurrir lo mismo con las ciudades más cercanas a Andalucía, Murcia y Albacete, aunque se trata de una decisión que se verá en el momento.
Visitará campos desconocidos
El Betis volverá a pisar el terreno de juego de algunos de los llamados históricos, tales como el del Celta de Vigo, la Real Sociedad o el Rayo Vallecano, habituales en las últimas décadas de la máxima categoría. En cambio, también tendrá el «honor» de acudir por vez primera a otros jamás visitados a lo largo de los 102 años de vida de la entidad albiverde, como, por ejemplo, El Alcoraz de Huesca o el Montilivi del Gerona.
Fuente: http://www.alfinaldelapalmera.com

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