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miércoles, 14 de julio de 2010
Lopera sigue en el Betis
Dos de sus empresas, Farusa y Frigimueble, le cargan cada mes sendos recibos al club / Una semana después de la 'venta', su nombre figura todavía como apoderado de las cuentas / Hoy lo deberá explicar ante la juez, que puede tomar medidas cautelares
¿Se ha ido Lopera del Betis? No. Sus huellas aún se perciben dentro. Todavía quedan vías de salida abiertas de las que el dirigente tramó para aprovecharse de los recursos del club y que conducían a éstos directos al saco de sus empresas. Las que, según sospecha la juez, creó justamente para eso.
Hoy, cuando los dos se vean cara a cara, tendrán un asunto más del que hablar. Porque por uno de esos agujeros se sigue escapando hoy dinero de la caja del Betis a favor de las sociedades del dirigente. Según ha podido conocer EL MUNDO.es, dos de ellas, Frigimueble y Farusa (Familia Ruiz Ávalo S.A.), vienen cargando todos los meses recibos en las cuentas del club. Cuentas en las que por cierto siguen figurando los nombres de Manuel Ruiz de Lopera y de su sobrina Ana María Ruiz Peña, justamente apoderada de Farusa, como apoderados.
La sangría es periódica, puntual. Hace una semana, mientras anunciaba su despedida, Lopera repartió entre los periodistas un folio hecho a mano con los supuestos balances bancarios del Betis, con sus cuentas y sus gastos desglosados mes a mes. Pero entre ellos omitió los que afectaban al pago de los recibos que ordenaban sus empresas. Y por supuesto otro detalle trascendental. Que él iba a seguir figurando como apoderado en esas cuentas aunque supuestamente ese día se iba a marchar para siempre del Betis…
Hubo uno en que Lopera, envuelto ya en su declive, amenazó: «Se va la gallina de los huevos de oro. El club deberá autogestionarse sólo con los recursos que genere». El aviso apocalíptico, de hace dos años, resultó uno de sus más grandes embustes. La gallina, Farusa y el resto de sus empresas, en verdad nunca se fueron del Betis. De hecho, se siguen aprovechando de él.
Este periódico demostró hace dos y un año sucesivamente que Encadesa (Encaje del Deporte, SA), otra de sus sociedades, seguía cobrando todo el dinero que se recaudaba por los carnets de abonados renovados. Lo hizo en el verano de 2008 y, a pesar de la denuncia de EL MUNDO.es, repitió al año siguiente el mismo protocolo sin ningún pudor.
En su nombre, el Betis enviaba al domicilio de cada abonado un recibo de La Caixa con el que poder renovar de cara a la temporada siguiente el carnet. En él figuran todos los datos del socio (localidad, zona de acceso...) por duplicado, y en la cabecera de ambos figura el número de la entidad emisora, 41991167, que no es más que el CIF (código de identificación fiscal, que es algo así como el DNI de una empresa) de Encadesa. La misma secuencia, la misma evidencia.
Lopera había anunciado un mes antes que Encadesa -encargada de gestionar los ingresos de la entidad, entre otros conceptos, también por los abonos- no tendrían desde el 1 de julio de 2008 vinculación alguna con el club. La Tonta abandonaría el Betis después de que se anunciara la «liquidación de los contratos» para noviembre de ese año... pero nunca lo hizo. Forzado por las denuncias de EL MUNDO.es, este enero pasado Lopera corrigió el descarado desvío de los ingresos por abonos a Encadesa, pero decidió mantener los que conseguía mantener ocultos. Como los cargos en nombre de Farusa y Frigimueble que se siguen haciendo todavía hoy en las arruinadas cuentas del Betis.
Esta maniobra será una de las muchas que el dirigente deberá aclararle a la juez Mercedes Alaya, por la que hoy ha sido citado a declarar imputado por presunto delito societario y de apropiación indebida a costa del Betis. Las medidas, de hecho, puede que no se demoren. Tras la declaración de Lopera, Alaya tiene previsto reunirse con las partes (acusación, defensa y Fiscalía) y hacer balance, tras lo que cabe la posibilidad de que la juez decrete de inmediato medidas cautelares. No se puede descartar ninguna, desde la intervención judicial inmediata del club hasta la anulación de los derechos políticos de las acciones de Lopera, lo que suspendería la trama de la venta fingida al desconocido grupo de Oliver.
SANTIAGO SALAS DE VEGA / Sevilla, El Mundo, edición impresa
¿Se ha ido Lopera del Betis? No. Sus huellas aún se perciben dentro. Todavía quedan vías de salida abiertas de las que el dirigente tramó para aprovecharse de los recursos del club y que conducían a éstos directos al saco de sus empresas. Las que, según sospecha la juez, creó justamente para eso.
Hoy, cuando los dos se vean cara a cara, tendrán un asunto más del que hablar. Porque por uno de esos agujeros se sigue escapando hoy dinero de la caja del Betis a favor de las sociedades del dirigente. Según ha podido conocer EL MUNDO.es, dos de ellas, Frigimueble y Farusa (Familia Ruiz Ávalo S.A.), vienen cargando todos los meses recibos en las cuentas del club. Cuentas en las que por cierto siguen figurando los nombres de Manuel Ruiz de Lopera y de su sobrina Ana María Ruiz Peña, justamente apoderada de Farusa, como apoderados.
La sangría es periódica, puntual. Hace una semana, mientras anunciaba su despedida, Lopera repartió entre los periodistas un folio hecho a mano con los supuestos balances bancarios del Betis, con sus cuentas y sus gastos desglosados mes a mes. Pero entre ellos omitió los que afectaban al pago de los recibos que ordenaban sus empresas. Y por supuesto otro detalle trascendental. Que él iba a seguir figurando como apoderado en esas cuentas aunque supuestamente ese día se iba a marchar para siempre del Betis…
Hubo uno en que Lopera, envuelto ya en su declive, amenazó: «Se va la gallina de los huevos de oro. El club deberá autogestionarse sólo con los recursos que genere». El aviso apocalíptico, de hace dos años, resultó uno de sus más grandes embustes. La gallina, Farusa y el resto de sus empresas, en verdad nunca se fueron del Betis. De hecho, se siguen aprovechando de él.
Este periódico demostró hace dos y un año sucesivamente que Encadesa (Encaje del Deporte, SA), otra de sus sociedades, seguía cobrando todo el dinero que se recaudaba por los carnets de abonados renovados. Lo hizo en el verano de 2008 y, a pesar de la denuncia de EL MUNDO.es, repitió al año siguiente el mismo protocolo sin ningún pudor.
En su nombre, el Betis enviaba al domicilio de cada abonado un recibo de La Caixa con el que poder renovar de cara a la temporada siguiente el carnet. En él figuran todos los datos del socio (localidad, zona de acceso...) por duplicado, y en la cabecera de ambos figura el número de la entidad emisora, 41991167, que no es más que el CIF (código de identificación fiscal, que es algo así como el DNI de una empresa) de Encadesa. La misma secuencia, la misma evidencia.
Lopera había anunciado un mes antes que Encadesa -encargada de gestionar los ingresos de la entidad, entre otros conceptos, también por los abonos- no tendrían desde el 1 de julio de 2008 vinculación alguna con el club. La Tonta abandonaría el Betis después de que se anunciara la «liquidación de los contratos» para noviembre de ese año... pero nunca lo hizo. Forzado por las denuncias de EL MUNDO.es, este enero pasado Lopera corrigió el descarado desvío de los ingresos por abonos a Encadesa, pero decidió mantener los que conseguía mantener ocultos. Como los cargos en nombre de Farusa y Frigimueble que se siguen haciendo todavía hoy en las arruinadas cuentas del Betis.
Esta maniobra será una de las muchas que el dirigente deberá aclararle a la juez Mercedes Alaya, por la que hoy ha sido citado a declarar imputado por presunto delito societario y de apropiación indebida a costa del Betis. Las medidas, de hecho, puede que no se demoren. Tras la declaración de Lopera, Alaya tiene previsto reunirse con las partes (acusación, defensa y Fiscalía) y hacer balance, tras lo que cabe la posibilidad de que la juez decrete de inmediato medidas cautelares. No se puede descartar ninguna, desde la intervención judicial inmediata del club hasta la anulación de los derechos políticos de las acciones de Lopera, lo que suspendería la trama de la venta fingida al desconocido grupo de Oliver.
SANTIAGO SALAS DE VEGA / Sevilla, El Mundo, edición impresa
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